El siguiente artículo surge de una idea de Soledad Barruti (periodista y autora del libro “Malcomidos”), siendo que se encontró en la web de Infobae.com una nota respecto a los “mitos y verdades” del azúcar que parece hecha a medida de la industria azucarera.

La pueden leer en:
http://www.infobae.com/tendencias/nutriglam/2016/12/26/9-mitos-y-verdades-sobre-el-azucar/

Trabajando en conjunto con Soledad, escribimos la siguiente réplica:

  1. Dice la nota de Infobae que los azúcares son carbohidratos que brindan el combustible energético por excelencia que el organismo humano necesita: glucosa. El único que puede usar el cerebro.

“Algunos azúcares están presentes de forma natural en los alimentos (como las frutas o la leche) y otros son agregados. En cualquier caso, nuestro cuerpo no distingue entre ambos por eso es clave enumerar y mencionar mitos y verdades que se han generado alrededor de este alimento”, dijo en esa nota la licenciada María Eugenia Pervesi (MN 3468)

Respuesta: Es cierto que la glucosa es el combustible prioritario, pero esto no significa de ningún modo que haya que ingerir azúcar para alimentar al cerebro. Además, como nota técnica, es incorrecto decir que la glucosa es el único combustible que puede utilizar el cerebro. Los cuerpos cetónicos que se producen durante el ayuno son también sustratos energéticos del cerebro.

Ahora, ¿es lo mismo comer un paquete de caramelos o un yogur azucarado que una banana? En efecto, químicamente el azúcar es azúcar, esté donde esté. Pero decir que “el cuerpo no distingue entre ambos” es bastante reduccionista, y una frase que la industria alimentaria festeja. Experta en hablar de nutrientes antes que de alimentos, pasa por alto que la principal razón para tratarlos en forma diferente es que los agregados pueden eliminarse fácilmente de la dieta, y hacerlo tiene más pros que contras.

El debate sobre azúcares agregados vs. azúcares naturales en los alimentos llegó este año a la FDA en Estados Unidos cuando decidieron empezar a mostrar en las etiquetas cuándo había agregados para que las personas pudieran elegir qué productos les podían resultar más convenientes.

  1. Sigue la nota: el azúcar es un producto de origen natural, que necesita procesarse mínimamente.

El que sea “natural”, ¿es sinónimo de que algo sea bueno? NO. El fenómeno de tomar como sinónimos los conceptos de “bueno” y “natural” se denomina falacia naturalista.
Además, si bien el grado de procesamiento de un producto es difícil de establecer en una escala, decir que el procesamiento del azúcar blanco es “mínimo” es, cuanto menos, debatible (ver imagen)
az

Fuente de la imagen : http://www.azucarera.es/img/bg_producto_proceso.png

Si les da curiosidad, acá como se produce: https://www.youtube.com/watch?v=ZMEzkalE1HU

  1. Avanza la nota diciendo pues que es falso decir que eliminar el consumo de azúcar evita enfermedades, que lo importante es la moderación y su incorporación en una dieta variada y equilibrada, y que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no más de 6 cucharadas de azúcar por día.

Empecemos por el final: la OMS estableció un límite al consumo de azúcar, no una recomendación. Más de eso es nocivo. La mitad, 3 cucharadas, reporta beneficios directos a la salud. Raro que se hayan salteado esa parte. Y que tampoco les haya llegado –al menos a sus profesionales consultados- los múltiples estudios que reportan beneficios concretos como este por ejemplo: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23035683

Y ahora nuestra parte preferida: El azúcar DEBE ser consumida con moderación. ¿No debería decir PUEDE?

Según su punto de vista, dado que el cerebro la necesita, no porque no hay que quitarla de la dieta bajo ningún punto de vista, aunque haya una gran cantidad de evidencia que indica que genera adicción, y que empuja al cerebro a elegir lo contrario a la moderación. (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2235907/)

Sinceramente no entiendo esta afirmación: “El riesgo para la salud es el exceso de consumo y no el producto…” No me queda claro si está intentando decir algo así como que el problema no son las armas, sino dispararlas.
Y otra cosa, ¿está haciendo una afirmación sobre riesgo en base a lo que dicen “argentinos entrevistados”? ¿Es un chiste? ¿Acaso vamos a dar por verdadera una afirmación porque está muy extendida? (falacia ad populum)

  1. Los deportistas también necesitan consumir azúcares, dicen ellos.

    Pero la nutrición para el deporte de alta competencia no puede traspolarse al resto de la población bajo ningún punto de vista.
    Sin embargo volvamos a la idea que tiene la industria (que de algún modo ya entendimos dirigió esta nota) ¿Por qué “también”? ¿Quiénes sí lo “necesitan”? Parece que ya dimos por sentado que hay alguien que necesita consumir azúcares…
    El término “azúcar” que empiezan a usar acá es bastante ambiguo. ¿Es azúcar de mesa? ¿Es el azúcar natural de un plato de pastas? ¿Necesita el deportista una coca o un bowl de arroz? ¿Necesitamos nosotros alimentos integrales o los ultraprocesados cargados de azúcar que nos ofrece la industria?

  2. ¿Tiene el azúcar tiene las mismas calorías que la grasa?, se preguntan.

Madre mía, este mito es la primera vez que lo escucho y miren que hace tiempo que leo sobre nutrición.
Mi hipótesis, un tanto aventurada quizás, es que introducen este mito en la nota solamente para poder decir que la grasa es más calórica que los hidratos de carbono. Como si esto fuera un duelo… grasa vs azúcar.
Ah, y si con esto se quisiera discutir la idea de que “mejor recortemos grasas y consumamos azúcar”, ya la industria estadounidense lo ha implementado hace más o menos medio siglo y la población mostró sus efectos: la mitad de las personas tiene sobrepeso, la obesidad es una epidemia y la diabetes rompe año a año sus propios records.

  1. Sin embargo la industria sostiene que el azúcar no engorda. Y que el sobrepeso es un resultado de una interacción compleja que incluye la genética, el ambiente externo, el sedentarismo y la selección de alimentos.


De nuevo, lo mismo. Como si no bastara con la evidencia empírica de lo que está pasando con la sociedad (a más azúcar más gordos y poco saludable estamos), hay una parva de estudios allá afuera que reflejan que el consumo de azúcar se relaciona con el sobrepeso, la obesidad, y otras enfermedades.
El azúcar no hace más que sumar calorías vacías a la ingesta calórica total.
Acá algunos estudios: (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23321486) donde los investigadores llegaron a la conclusión de que el consumo de azúcar agregado y de bebidas azucaradas son un determinante del peso corporal, en personas que son como la enorme mayoría de la población mundial.
En otra revisión sistemática. (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23966427) concluyen que el consumo de bebidas azucaradas promueve el aumento de peso tanto en niños como en adultos.

Para no escuchar solamente la campana que va en línea con nuestra postura, vamos a agregar un estudio que defiende la postura de la/el autor@ de la nota que muestran que si se limita el consumo calórico, el agregado de azúcar, no genera sobrepeso. (http://ajcn.nutrition.org/content/early/2016/12/21/ajcn.116.139253.abstract)  Vale aclarar, que el estudio en cuestión fue financiado por la industria azucarera.

Es factible que si fuésemos robots o tuviésemos una disciplina de monje tibetano podríamos, en nuestro día a día, reemplazar calorías provistas por alimentos a otras provistas por azúcares agregados y no engordar. ¿Habría algún posible beneficio nutricionalmente hablando? No.
Sin embargo, los alimentos no son solamente calorías. Y la nutrición no es la ciencia del mantenimiento del peso.

Según Juan Revenga, dietista-nutricionista y divulgador español: “Existen multitud de estudios que han analizado la relación entre la obesidad y el consumo de bebidas azucaradas y, a modo de resumen, se contrasta que el mejor predictor de los resultados de esas investigaciones resulta ser la financiación: si el estudio es independiente la relación es clara, y por el contrario si el estudio está financiado por la industria azucarera esa relación es inexistente. Así se puso de manifiesto en el estudio de revisión Reviews examining sugar-sweetened beverages and body weight: correlates of their quality and conclusions http://ajcn.nutrition.org/content/99/5/1096.long

  1. La nota insiste ahora con que el azúcar no causa diabetes.

Claro, si todo es multicausal, nada causa nada. Demos por tierra todo lo que implique causalidad en ciencias de la salud y vayámonos a dormir. O no, mejor sigamos…
Recordemos que el sobrepeso y la hiperglucemia crónica son dos enormes factores de riesgo para el desarrollo de diabetes tipo 2, fenómenos ambos, asociados al consumo de azúcar. Miremos algunos estudios:
(https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23763695)
En este estudio, se analizaron los resultados de otros dos estudios (de intervención) con muestras bastante grandes. Los resultados mostraron que una reducción del consumo de bebidas azucaradas disminuía significativamente el peso corporal y la adiposidad en niños y adolescentes. Además, se vio una disminución del riesgo de obesidad y diabetes tipo 2.

En este otro, (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23575771) esta vez observacional, se investigó la asociación entre el consumo de bebidas azucaradas y la incidencia de diabetes tipo 2 en hombres japoneses. Se pudo ver que el consumo de bebidas azucaradas estuvo significativamente asociado a un mayor riesgo de diabetes.

Y acá https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15328324 la conclusión a la que llegaron los investigadores fue que un mayor consumo de bebidas azucaradas estuvo asociado a un mayor peso corporal y a un incremento en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Esto se atribuyó, según ellos, a que las bebidas azucaradas favorecen un mayor consumo de calorías y proveen azúcares libres rápidamente absorbibles.

  1. El azúcar, dice la nota entonces, es necesario, moderable, no causa enfermedades y tampoco hiperactividad en los niños.

Desconocemos las fuentes de el/la autora, pero nos permitimos hacer una búsqueda en la bibliografía científica. Rápidamente pudimos encontrar un estudio al respecto. (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27384573)

Esta revisión, publicada este mismo año, muestra que el consumo de azúcar se relaciona de manera dosis dependiente (a más consumo, peor sintomatología) no solamente con el síndrome de hiperactividad sino también son del déficit de atención, incluso después de ajustarse por otras posibles variables de confusión. Este estudio no tiene el diseño metodológico para demostrar causalidad, pero tampoco es un tema sobre el que las cosas estén tan claras como para llegar a conclusiones definitivas.

 

  1. Y para terminar, un manto de paz: “sin azúcar es igual a sin calorías”, dicen. Y parece que acá coincidimos.

Aunque luego, el texto está redactado de manera un tanto confusa. Pero no nos pongamos quisquillosos. Mejor apuntemos un punto 10, que falta.

  1. El consumo de azúcar favorece el desarrollo de caries.

VERDADERO.

Existe suficiente evidencia científica para afirmar esto. Y no sólo en niños, sino también en adultos.

Sugars and dental caries1,2,3,4 (http://ajcn.nutrition.org/content/78/4/881S.full)

Sugar-sweetened beverages and dental caries in adults: a 4-year prospective study. (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24813370)

Algunas reflexiones generales que nadie nos pidió, pero igual vamos a dar.

  • Azúcar, azúcares, carbohidratos, azúcar de mesa, azúcares añadidos. Cuando mezclamos todo y empezamos a usar todas estas palabras como si fueran sinónimos, corremos el gran riesgo de caer en la “falacia de ambigüedad”, en la que palabras con múltiples lecturas, pueden generar conclusiones falsas. Al hacer esto, no sólo estamos mezclando “peras con manzanas”, sino, y valga la figura, peras con azúcar de mesa y manzanas con gaseosas. Eso es lo que buscan, que nos confundamos, que todo sea lo mismo. Si todo es lo mismo, el azúcar son solamente unas pocas calorías más. Un número a acomodar en una ecuación.
  • El azúcar agregado se enmarca nutricionalmente en lo que denominamos “calorías vacías”. Ante un escenario de creciente sobrepeso, obesidad, y enfermedades relacionadas, las “calorías vacías” tienden a agravar el problema sin lugar a dudas. Sin embargo, a aquellos que nos animamos a alzar la voz, se nos llama prohibicionistas, o se nos dice que demonizamos alimentos.
  • Si bien en estudios controlados en los que se controla la ingesta calórica de manera rigurosa, el consumo de azúcar puede no causar sobrepeso, diferente es la situación cuando el consumo es a libre disponibilidad (ad libitum), como suele suceder en la cotidianeidad de la mayoría de las personas. Ni funcionamos como robots, ni estamos siempre atentos a lo que comemos. Cuando las personas tienen acceso libre al consumo de azúcar, tienden a exceder los máximos sugeridos por instituciones como la OMS.
  • No existe tal cosa como una necesidad de azúcares libres. Que no te metan la palabra “necesidad” cuando hablan de azúcar añadido. Es falso. Punto.
  • Es cierto que lo más importante es toda la dieta, lo global. Sin embargo, es un error conceptual considerar al azúcar únicamente como ese polvo blanco que se le puede agregar a un té o a un café. El azúcar es uno de los insumos clave para alimentos ultraprocesados de pésima calidad nutricional. Si no consideramos el contexto, estamos fritos (y con azúcar agregada; guiño).
  • El negocio del azúcar ha jugado un rol nada despreciable en la historia. Guerras, colonias, amos y esclavos son tan sólo algunas palabras que forman parte del acervo histórico de este negocio. Para quienes estén más interesados en el tema, el libro “Sugar Blues” de William Dufty relata, en su segundo capítulo algunas de estas cuestiones. No tiene desperdicio.
  • El poder de lobby de la industria azucarera es y ha sido tan fuerte a lo largo de la historia que ha prácticamente moldeado a su conveniencia los patrones alimentarios de los estadounidenses durante todo el siglo XX.

Un par de aclaraciones antes de finalizar:

¿Estamos diciendo que hay que prohibir la venta de azúcar? No, no estamos diciendo eso.

¿Estamos diciéndole  a los nutricionistas cómo hacer su trabajo? No, no estamos haciendo eso.

Lo que estamos haciendo es intentar acercarle al lector información de calidad. Nadie nos paga por hacer esto.

Cada quien puede juzgar por sí mismo lo que nosotros exponemos y cómo lo hacemos.
No estamos exentos de equivocarnos, pero de lo que sí estamos exentos es de conflictos de interés.

Anuncios