El profesor se puso de pié y caminó hacia el estrado. El salón, atestado de profesores, doctores y otros profesionales de cartón, permanecía en silencio.

Acomodó el micrófono con un leve y preciso movimiento. Aclaró su garganta con un firme carraspeo, de manera absolutamente ensayada para calibrar su próximo e inexorable dictamen. Levantó la vista, miró a la concurrencia y alzó la mano derecha con el dedo índice levantado.

Así, sentenció “todo es malo en exceso”.

El público en el salón esbozó una sonrisa de aprobación y asintió con la cabeza casi al unísono. Los asistentes se miraban entre ellos y gesticulaban profusamente, absolutamente convencidos de haber escuchado un mandamiento de primera magnitud.

El profeta Pedro Grullo o Perogrullo, “que a la mano cerrada la llamaba puño”, es un personaje paremiológico o de la literatura tradicional cuyo origen histórico es de difícil determinación. Se identifica al personaje como el primer, o el más famoso, decidor de perogrulladas o tautologías retóricas, esto es, verdades redundantes del tipo “ha amanecido porque es de día”.

El quid de la cuestión es que sigo escuchando a diestra y siniestra, verdades de Perogrullo, tales como la mencionada: “todo es malo en exceso”.

Sí, cerebros, la palabra exceso implica intrínsecamente una transgresión hacia un terreno negativo. Excederse significa sobrepasar el límite de lo correcto o de lo aceptable. Y en el terreno donde todo es pasible de ser objeto del exceso, todo está, de algún modo a un mismo nivel. Una lógica meramente cuantitativa.

¿Se entiende? Si lo relevante es no excederse, la calidad pasa a un segundo plano, y la cantidad toma un rol protagónico. Un principio ético tomando por asalto a la lógica.

Y con eso van al frente. Con la verdad revelada. A pelear una guerra con tijeras como armas. Pero si el enemigo es de papel, con eso alcanza para la victoria.

Siempre recuerdo una frase que, según entiendo, se le atribuye a Napoleón y que reza: “si quieres solucionar un problema, nombra un responsable; si quieres que el problema perdure, nombra una comisión”.

Si querés no decir nada, decí que “todo es malo en exceso”.

Así, amigas y amigos, me despido, agradeciéndole a mi spónsor, el Dr. Poncio Pilato.

Besitos.

Ramiro Ferrando.

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